LEVEQUE LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES PDF

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Author:Kigagis Vusar
Country:Solomon Islands
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):26 January 2006
Pages:313
PDF File Size:14.7 Mb
ePub File Size:14.91 Mb
ISBN:276-7-80764-363-3
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A, Los Berrocales del Jarama Apdo. Estos son los materiales utilizados por el hombre para fabricar sus herramicntas y armas que sirven tradicionalmente para clasificar las primeras edades del desarrollo de las sociedades humanas.

En este marco, este volumen presenta, a grandes rasgos, tres grandes ti- pos de formaciones sociales: la horda y la aldea de la Edad de Piedra, el reino despotico del Bronce y la tribu indocuropea. Casi al mismo tiempo, en las estepas ponticas empezaron a diferenciarse las tribus indoeuropeas, cuya actividad se extendera por Eurasia a lo largo de varios milenios. Con esto queda ya esbozado el plan de este primer volumen. No po- dria ser de otra manera en una rdpida sintesis que pretende evocar varios millones de afios en la historia de la humanidad, tratando de forma mas especifica varios milenios.

Pero no debemos dejarnos engafiar por su ca- racter tradicional, ya que reserva para el segundo volumen otras grandes civilizaciones de la Piedra y el Bronce, mas lejanas.

El linaje de los hominidos aparece en Africa, pero podria ademas de- cirse que es un producto africano, si es cierto que su nacimiento esta ligado al proceso de fragmentacion del continente teoria de Y. Asi, pues, desde el principio, la historia del hombre es la historia de sus facultades de adaptacion. El homo habilis el primero que puede ser llamado homo— es una de las ramas de estos Australanthropos, pero su cxacta ubicacion dentro de esta familia es alin muy discutida.

Hace Es lo contrario de lo que sucede en un reciente poblamiento debido al homo sapiens, como el de Australia hace Este aprendizaje experimenta notables adelantos en el Paleolitico superior: conocemos, por ejemplo, los incomprables logros artisticos so- bre las paredes de las cavernas de Lascaux o de Altamira. Lo que aqui est en juego para el historiador es la existencia de grupos organizados que tienen santuarios comunes.

Las condiciones materiales de la vida en el Palcolitico superior son cada vez mejor conocidas a medida que se llevan a cabo meticulosas in- vestigaciones. Las actividades fundamentales —que proporcionan el ali- mento y el vestido— son la caza, la pesca y la recoleccion. Las realizan pequeiios grupos que se piensa serian bastante igualitarios, bajo la direc- cion de los mas ancianos.

Las obras de arte del Paleolitico son de hecho obras religiosas. Pinturas y relieves abundantes sobre todo en Europa occidental y esta- tuillas de piedra o de hueso descubiertas en toda Eurasia, desde el At- lantico al Pacifico muestran un fantastico vigor que multiplica, en las paredes, las representaciones animales y en bulto redondo, las divinida- des femeninas cuyo sexo, pecho, nalgas son magnificados de forma expre- sionista con el fin de presentarlas como Madres de la fecundidad que ade- mas deben desempeiiar un papel mas complejo como sejioras de los ani- males, de la caza, de la luna, de los antepasados Y no podria hacerse una constatacion mas significativa sobre las con- tinuidades del Palcolitico: de hecho, en todas las religiones de las socie- dades antiguas que estamos estudiando, el mundo sobrenatural imita al de la experiencia directa, lo explica y lo justifica.

Se compone de poderes con los que es posible comunicarse, establecer relaciones de do ut des y que dan respuesta a los interrogantes, a las angustias de los grupos hu- manos, desarmados ante la Naturaleza por su debilidad en materia tec- noldgica. Pensemos que una cierta forma de agricultura aparece muy pronto en Egipto, jnada menos que en el Paleolitico!

No es necesario insistir en la importancia de este descubrimien- to: con una materia prima abundantisima, la arcilla, el hombre se provee de recipientes que, segtin los casos, pueden utilizarse para el almacena- miento, para la alimentacion, para inhumar a sus muertos, para el culto a los dioses Desde luego el area ofrece una gran diversidad, de modo que las condiciones agricolas son muy diferentes, por ejemplo, en los grandes valles con temibles inundaciones se esta aun muy lejos de aprender a regular eficazmente los rios o en las pequefias Ilanuras coste- Tas 0 interiores de Anatolia o Siria-Palestina, La incertidumbre sigue rodeando estos comienzos del Neolitico, so- bre todo en ciertas zonas donde los aluviones se han acumulado de tal modo que hacen casi inaccesibles a los investigadores los estratos mas an- tiguos.

Ciertamente existen ya intercambios entre comunidades, pero la riqueza esencial la constituye el trabajo de la tierra. Lo organiza la comunidad misma, que posee y controla la totalidad de las tierras, fija la tarea de cada uno y reparte los bienes sociales producidos por el tra- bajo de todos.

Por supuesto, las familias juegan un papel esencial en el seno de la comunidad, de la que son fundamento. Si, en el Paleolitico, las parejas se forman por acuerdo o por rapto y se separan facilmente, la aldea engen- dra la pareja estable bajo la autoridad del jefe de familia: los matrimonios se regulan por intercambio de hijas entre dos colectividades vecinas, de ahi la obligacion, bajo pena de durisimos castigos, de la virginidad de las jovenes que deben servir como productos validos dentro de este sistema de intercambios.

La vida de la comunidad, esencialmente agropastoril, ha de ser re- gulada por una autoridad superior, la de los cabezas de familia, los ancia- nos. De he- cho esto me parece tanto mas improbable a medida que descendemos en el tiempo.

Aqui se retinen y, quizd re- siden quienes toman las decisiones y es muy importante observar que las moradas de los dioses 0 de los reyes de comienzos de la Edad de Bronce son una continuaci6n directa de estas construcciones. En los santuarios y graneros de las aldeas. Algunos ca- sos son muy claros. Asi, por ejemplo, a partir de Anatolia se neolitiza una parte importante de la Europa egea y pontica: Chipre, Creta, Grecia, re- giones balcdnicas, sur de Ucrania, quizds incluso hasta Kiev La expansion del Neolitico hacia el este plantea problemas tan apa- sionantes como dificiles.

Ciertamente, en el caso de la India se nota una clara continuidad entre Mesopotamia, la planicie irani y la India y hoy sabemos que las culturas belutchies sirvieron como intermediarias. Pero el Neolitico chino, jes original 0 depende en cierto modo del de Occiden- te? Parece que la respuesta tiene que ser matizada. Ha llegado, pues, el tiempo de los campesinos, el tiempo de las pequefias comunidades agro-pastora- les yuxtapuestas. Podemos constatar varios hechos que contradicen una explicacion tan mecanicista.

No es este tipo de apremios y presiones determinante en la cons- titucin de los despotismos, asi que, para empezar, hemos de volver la vista a otra parte. El mismo desarrollo de las colectividades neoliticas conllevaba acumulaciones de alimentos, de objetos ornamentales, de con- sagraciones a los dioses De este modo se avanza, en ctapas sucesivas —y aqui el caso de Egip- to es muy claro— hacia reagrupamientos cada vez mas importantes: del pueblo al nomo y del nomo al reino.

Nos parece muy significative —porque nos impide pensar en la posibilidad de un modelo tinico— que cl caso de Mesopotamia sea tan diferente.

De este estado permanente de turbulencias entre las ciudades sume- rias no se saldra hasta que el rey de Umma, Lugalzagesi, se apodere de Lagash, de Ur y de Uruk, y retina a todo Sumer bajo su centro.

Pero —a despecho de ciertas se- mejanzas muy claras— cada uno de los dos casos tiene su propia especi- ficidad y ademas considerable. Si podemos, sin embargo, hacer una reflexion general que tenga en cuenta la naturaleza del poder, el modo de producci6n tributaria, los re- levos de la autoridad despotica, las formas concretas de funcionamiento y las debilidades del sistema.

Briant, Rois, tri- buts et paysans, Paris, Como consecuencia de lo dicho, desobedecer las 6rdenes del rey es, obviamente, cuestionar el orden del mundo y todo crimen de lesa majes- tad es, de hecho, un crimen de lesa divinidad. Asi funcionan, dentro de las mejores relaciones posibles, las rigurosisimas condiciones de explota- cidn de las masas campesinas, que son una de las constantes de la historia de las sociedades del Medio Oriente.

Sin embargo, existen importantes peculiaridades que debemos tener en cuenta para matizar este andlisis. Las relaciones de dependencia de los —19— Las primeras eiviliz ones campesinos al poder real, la opresion de la que son victimas, se acrecien- tan poco a poco, a medida que se pone en marcha una administracion or- ganizada.

Pero ademas esta el caso de los altos dignatarios u oficiales a los que, para recompensarles por sus servicios se les conceden las rentas de determinados dominios —lo que es inevitable en una economia que, evidentemente, ignora la moneda.

Y es bien sabido que, al menos a cierto nivel de evolucion, el sistema no es in- compatible con la propiedad privada de tierras de modesta superficie so- bre las que, de todos modos, no desaparece totalmente el derecho de con- trol por parte del rey. Pero sus fallas son evidentes, en un doble sentido. Es, principalmen- te, consecuencia de su heterogeneidad, sobre todo en Asia donde los re- yes de Asiria, a su llegada al trono, tenian de algin modo que reconquis- tar el imperio de su predecesor.

Al mismo tiempo, pueden intervenir otros factores de descompo- sicidn interna: la estructura misma del Estado despotico se ve sacudida por las revueltas de altos funcionarios, por las usurpaciones que limitan el poder de!

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