KHALIL GIBRAN EL JARDIN DEL PROFETA PDF

Ustedes son los arcos con los que sus hijos, cual flechas vivas, son lanzados. La vida es verdad oscuridad excepto donde hay un anhelo. Y cuando trabajas con amor, nos integramos nosotros mismos, y el uno al otro, y a Dios. El trabajo es el amor hecho visible. Cuando una viene a sentarse a nuestras mesas, recordad que la otra, dormida, esta en nuestro lecho. No puede separar al justo del injusto ni al bueno de lo malo: por que ambos caminan juntos ante la cara del sol.

Author:Tezilkree Kagashura
Country:Belize
Language:English (Spanish)
Genre:Travel
Published (Last):7 February 2018
Pages:278
PDF File Size:3.68 Mb
ePub File Size:6.5 Mb
ISBN:313-5-69634-723-6
Downloads:65061
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Fesho



Y su barca se acerc al puerto,. Y tena una sensacin de bienvenida en su corazn. Habl, y el mar reson en su voz, y dijo: Mirad, e s la isla que me vio nacer. Desde all me lanc al mundo, con una cancin y un acertijo; una cancin para los cielos, y una pregunta para la tierra. Y, qu hay entre el cielo y la tierra que lleve la cancin y conteste la pregunta, excepto nuestra propia pasin?

El mar me arroja una vez ms a estas playas. No somos. Nos empuja para s que seamos su voz. Pero, cmo serlo, a menos que rompamos la simetra de nuestro corazn en la roca y en la arena? Porque esta es la ley de los marineros y del mar: si quieres ser libre, tienes qu ser como la niebla.

Hemos de convertirnos una vez ms en niebla, y tenemos que aprender el principio-de todas las cosas. Para nacer; para vivir hay que romper y fragmentar un mundo?

Para siempre estaremos en busca de playas, para poder cantar, y que nos oigan. Pero, qu decir de la ola que se rompe donde nadie puede orla? Lo que no escuchamos en nos otros es lo que alimenta nuestro dolor ms hondo. Sin embargo, tambin lo no escuchado, lo inslito, es lo que forma nuestra: alma, para hacer nuestro destino. Sin embargo, hablas de dolor y de corazones que se han de romper. Y el profeta respondi, diciendo: No os he hablado de la libertad, y de la niebla, que es nuestra mayor libertad?

Sin embargo, no sin pena hago este peregrinaje a la isla. Y otro marinero habl, y dijo: Mira a la multitud en la rada. En su silencio ha predicho el da y l hora de tu llegada, y acuden, a abandonando sus tierras y viedos, acuciados por su amorosa necesidad, para venir a esperarte. Y Almustaf mir a lo lejos, hacia la muchedumbre, y su corazn sinti aquella ansiosa espera, y guard silencio. Luego, surgi un grito de la gente reunida, y fue un grito de afecto y splica. Y el profeta mir a sus marineros, y dijo: Y qu les dar?

Fui cazador, en una tierra lejana. Con destreza y fuerza he lanzado las flechas de oro que me dieron, pero no he traido ninguna pieza de caza. No segu el curso de las flechas. Acaso estn ahora brillando al sol en las plumas de guilas heridas que no caern a tierra. Y acaso estas puntas de flechas hayan cado en las manos de aquellos que las necesitan para conseguir pan y vino. No s dnde ha terminado el vuelo de estas flechas pero una cosa s s: han descrito su rbita en el cielo.

Y aun as, is mano del amor pesa todava sobre m, y vosotros, mis marineros, todava llevis en vuestras velas mi visin, y no ser mudo. Gritar cuando la mano de las estaciones est sobre mi garganta, y cantar mis melodas cuando mis labios estn abrasados por las llamas.

Y los marineros sintieron turbacin en sus corazones al hablar l de estas cosas. Y uno de ellos dijo: Maestro, ensanos todo lo que sabes, y es posible, puesto que tu sangre fluye en nuestras venas, y puesto que tu aliento tiene la misma fragancia que el nuestro, es posible que comprendamos.

Luego, l respondi, y el viento estaba en su voz, y dijo: Me trais a mi isla natal para que sea un maestro? Todava no me he encerrado en la sabidura. Demasiado joven soy, y demasiado inmaduro para hablar de otra cosa que no sea el yo interior, que por siempre es lo profundo, llamando a lo profundo.

Que aquel que busque la sabidura la encuentre en el fondo de una copa, o en un poco de arcilla roja. Yo sigo siendo el poeta. Y seguir cantando a la tierra, y cantar vuestro sueo. Pero ahora, dejadme contemplar el mar.

Y ya el barco entraba en el puerto y atracaba en la rada, y as lle g el profeta a su isla natal, y estuvo una vez ms entre su propia gente. Y surgi un gran grito de los corazones que lo esperaban, as que la soledad de su regreso al hogar se estremeci dentro de l. Y la gente permaneca silenciosa, en espera de sus palabras, pero el profeta no les habl inmediatamente, pues la tristeza del recuerdo gravitaba sobre l, y dijo en su corazn: He dicho que cantar?

No; slo puedo abrir los labios para que la voz de la vida hable a travs de m, y salga el viento en busca de gozo y de confirmacin. Entonces, Karima, la que haba jugado con l cuando eran nios, en el jardn de la madre del profeta, habl, y dijo: Doce aos has ocultado tu rostro de nosotros, y doce aos hemos padecido hambre y sed de tu voz.

Y el profeta se quedo mirndola con-indecible ternura, porque haba sido ella quien le haba cerrado los ojos a la madre del profeta, cuando las. Y el respondi, diciendo: Doce aos? Has dicho doce. No he tiedido mi anhelo con la rutilante vara del tiempo, ni. Porque el amor, cuando tiene nostalgia del hogar, est ms all de la medida del tiempo, y del sondeo del tiempo.

Hay momentos qu contienen eones de separacin. Sin embargo, separarse no es sino una ilusin de la mente. Acaso nunca nos-hayamos separado. Y Almustaf mir al pueblo congregado, y los vio a todos: a jvenes y a viejos, a robustos y endebles, a los de rostro curtido por el viento y el sol, y tambin a los plidos; y en los rostros de todos ellos haba una luz de anhelo y pregunta..

Y no de ellos habl, y dijo: Maestro, la Vida ha sido amarga con nuestras esperanzas y nuestros anhelos. Nuestros corazones. Te ruego que nos consueles; y que abras nuestras mentes al significado de nuestras penas. Y el corazn del profeta se sinti conmovido, lleno de compasin, y dijo: La Vida es ms vieja que todos los seres vivientes; ms que la belleza antes de que esta naciera y adquiriera alas en la Tierra; ms que la Verdad, antes de que alguien la dijera.

La Vida canta en nuestros suencios, y. E incluso cuando estamos abatidos y rebajados, la Vida est en su trono, y muy alta. Y cuando lloramos, la Vida sonre a la luz del sol, y es libre hasta cuando arrastramos nuestras cadenas.

A menudo damos a la Vida nombres amargos, pero slo cuando nosotros mismos estamos amargados y oscuros. Y la consideramos vaca e intil, pero -slo cuando nuestra alma vaga por sitios desolados, y cuando el corazn est ebrio de s mismo. La Vida es profunda, y alta, y distante; y aunque slo vuestra ms amplia visin puede ver sus pies, la Vida est cerca; y aunque slo el aliento de vuestro aliento llega a su corazn, la sombra de vuestra sombra cruza su rostro; y el eco de vuestro ms tenue grito se convierte, en su pecho, en una primavera, y en un otoo.

Y la Vida est velada y oculta, as como vuestro ego superior est oculto y velado. Sin embargo, cuando la Vida habla todos los vientos se tornan palabras; y cuando vuelve a hablar, las sonrisas de vuestros labios y las lgrimas de vuestros ojos tambin se convierten en palabras.

Cuando la Vida canta, los sordos oyen, y se quedan extasiados; y cuando la Vida llega caminando, los ciegos la contemplan, se asombran, y la siguen, maravillados, atnitos. Y Almustaf dej de hablar, y un vasto silencio rein en el pueblo congregado; y en ese silencio vibraba un canto nunca odo, y se consolaron todos de su soledad y de su pena. Interludio Y Almustaf se march en seguida, y sigui el, sendero que conduca -a su jardn, que haba sido el jardn de su madre y d su padre, y en donde dorman el sueo eterno, ellos y sus mayores.

Y algunos queran seguirlo, viendo - que era una reunin de bienvenida, y que el profeta estaba solo, pues no quedaba ningn pariente suyo qu preparara el banquete de bienvenida, segn la costumbre de su pueblo. Pero el capitn de su nave los aconsej, diciendo: Dejad que se vaya solo.

Porque su pan es el pan de la soledad, y su copa est llena del vino del recuerdo, que desea beber a solas. Y los marineros se detuvieron, pues saban que as era, tal como se lo haba dicho el capitn. Y todos los que se haban reunido en la rada tuvieron que contener los pasos de sus deseos. Slo Karima sigui al profeta, de lejos, suspirando por la soledad de Almustaf, y por sus recuerdos.

Y la mujer no habl, sino que, al cabo de un rato, se volvi y se fue a su propia casa, y en el jardn, bajo el almendro, llor, sin saber el por qu. La Nacin Y Almustaf lleg al jardn de sus padres, y entr en l, y cerr la reja, para que nadie lo siguiera. Y durante cuarenta das y cuarenta noches vivi solo en aquella casa y en aquel jardn, y nadie fue a verlo en ese tiempo; nadie se acerc a la reja, pues permaneca cerrada, y toda la gente saba que Almustaf deseaba estar solo.

Y al cabo de esos cuarenta das con sus noches, l abri la reja, para que pudieran ir a verlo. Y acudieron nueve hombres a acompaarlo en el jardn; tres marineros de su brco, tres que haban servido- en el templo y tres que haban sido sus compaeros de juegos cuando eran nios. Y estos nueve eran sus discpulos. Y una maana, sus discpulos sentronse en torno de l, y haba distancias y remembranzas en los ojos del profeta. Y el discpulo de nombre Hafiz le dijo: Maestro, cuntame de la ciudad de Orfalese y de la tierra que pisaste all esos doce aos.

Y Almustaf guard silencio un momento, y mir hacia las colinas y hacia el vasto ter, y haba una batalla en su silencio. Luego, dijo: Amigos mos y compaeros de ruta, compadeced a la nacin que est llena de creencias y vaca de religin.

Tened piedad de la nacin que lleva vestidos que no teje ella misma, que come un pan cuyo trigo no cosecha y que bebe un vino que no mana de sus propios lagares. Compadeced a la nacin que aclama a un fanfarrn como a un hroe, y que considera bondadoso al oropelesco y despiadado conquistador.

Compadeced a la nacin que desprecia las pasiones cuando duerme, pero que, al despertar, se somete a ellas. Compadeced a la nacin que no eleva la voz ms que cuando camina en un funeral, que no se enorgullece sino de sus ruinas, y que no se rebela sino cuando su cuello est colocado entre la espada y el zoquete de madera. Compadeced a la nacin cuyo estadista es un zorro, cuyo filsofo es un prestidigitador y cuyo arte es un arte de remiendos y gesticulaciones imitadoras.

Compadeced a la nacin que da la bienvenida a su nuevo gobernante con fanfarrias, y lo despide con gritos destempla dos, para luego recibir con ms fanfarrias a otro nuevo gobernante. Compadeced a la nacin cuyos sabios estn aniquilados por los aos, y cuyos hombres fuertes an estn en la cuna. Compadeced a la nacin dividida en fragmentos, cada uno de los cuales se consi era una d nacin. Sueos y Primaveras Y uno de sus discpulos dijo: Hblanos de lo que alienta en tu corazn, en este mismo instante.

Y el profeta mir profundamente a ese discpulo suyo, y hubo en su voz un sonido como de estrella que canta, y le dijo: En vuestro sueo despierto, cuando estis absortos, escuchando a vuestro ms profundo yo, vuestros pensamientos, como copos de nieve, caen, vibran y engalanan todos los sonidos de vuestros espacios con blanco silencio.

Y, qu son los sueos despiertos, si no nubes que brotan como capullos, y florecen en el rbol del cielo de vuestro corazn? Y, qu son vuestros pensamientos, si no ptalos que los vientos de vuestro corazn esparcen en las colinas y en los campos? Y aunque anhelis la paz, hasta que lo informe en vosotros cobre forma, as la nube se acumular y vagar por los cielos, hasta que los Dedos Benditos moldeen los grises anhelos en pequeos cristales que sern soles, y lunas, y estrellas.

BLOOD SLAUGHTERER RULES PDF

EL JARDIN DEL PROFETA

.

BROMOCRIPTINA BULA PDF

El Profeta (obra)

.

BIBLIJA NOVI ZAVET PDF

El Loco: El Jardin Del Profeta

.

Related Articles