EL AGUILA Y LA SERPIENTE MARTIN LUIS GUZMAN PDF

Caravelle mutuamente exclusivas. John S. Perhaps the best description of this particular book is that it is literary reporting. But if we generalize its characteristics and those of a number of books that came later, the most accurate description is that they are accounts of revolutionary activity. It is often hard to tell what is autobiographical, what is biographical, and what is fiction.

Author:Julkree Dukus
Country:Suriname
Language:English (Spanish)
Genre:Video
Published (Last):7 June 2005
Pages:136
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ISBN:117-6-97841-423-2
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Lo que ustedes gusten aad yo. Ni lo afirmo ni lo niego por mi cuenta. Digo lo que me contaron. Por quin lo sabe usted? Pero en este punto nuestro concilibulo hubo de suspenderse. Legiones de pasajeros estaban entrando en el fumador y algunos vinieron a sentarse junto a nosotros.

Imposible seguir hablando. Haba anochecido. Haca rato que navegbamos rumbo a La Habana y de la costa yucateca no se perciba ya sino el parpadeo de un faro. Ms de una hora haba estado en suspenso nuestra conversacin, y durante ese tiempo, mientras se relataban en nuestro entorno impresiones de la estancia frente a Progreso, o se hacan proyectos para la prxima escala en La Habana, nosotros habamos meditado.

Para mis amigos, la cavilacin dio buenos frutos: la noticia, tenida poco antes por perfectamente absurda, pareca ahora posible, y aun probable. Dijo el doctor, reanudando el tema: Buena la hemos hecho! Pero cmo diablos iba uno a imaginarse que resultara espa de Victoriano Huerta una yanqui tan guapa y tan seora? Y a partir de aqu todas las reflexiones fluyeron unnimes y congruentes. A nadie se le ocultaba que, considerando como agente secreto a la hermossima norteamericana, se comprendan muchos detalles hasta entonces bien extraos.

Se explicaba, desde luego, la sbita aficin que la extranjera haba concebido por nosotros. Se explicaba tambin por lo menos en parte la actitud, complaciente en extremo, con que disfrutaba de la asidua compaa del doctor compaa a todas luces inocente y bien intencionada, pero, de cualquier modo, expuesta a interpretaciones malvolas.

La ms terminante confirmacin de nuestras sospechas la descubramos en este hecho inequvoco: slo haca tres das que habamos salido de Veracruz, y, no obstante eso, nuestra amistad con la norteamericana, gracias a que ella pona cuanto era necesario, haba realizado progresos inauditos tratndose de una dama respetable, as lo fuese slo en apariencia. Qu se me figura exclam uno de los compaeros del doctor que la tal seora nos engaa aun en lo de no saber castellano! As se comprende que al doctor le entienda hasta los visajes.

El doctor, por supuesto, pronunci la ltima palabra. Con la vehemencia juvenil que tan graciosamente contrastaba con sus aos, concluy que lo importante, lo esencial, lo nico consista en fraguar un plan y aplicarlo sin vacilaciones. Cada uno de nosotros cinco dijo debe urdir algo separadamente.

Luego confrontaremos los diversos proyectos y sacaremos de all lo que ms convenga. Por cuanto a m se refiere, ahora mismo me pongo a pensar. Al reunirnos otra vez esta noche les expondr mis ideas. Espero que me otorguen su confianza. La cosa, en realidad, no mereca la importancia que le dbamos. Pero el doctor Dussart, espritu inquieto en exceso y revolucionario harto entusiasta, se mova con dinamismo muy suyo: perteneca a esa especie de temperamentos para quienes es www.

En los das de nuestro viaje, adems, nada le aterraba tanto como la idea de no poder llegar a Coahuila o Sonora. Consentir que eso fuera posible equivala a sacarlo de quicio: vociferaba, perda su habitual palidez, se sacuda y echaba, en fin, mano de tales medios de expresin, que las trepidaciones del Morro Castle, empujado por sus hlices, desaparecan bajo el trmolo de la ira del fogoso mdico revolucionario.

En la segunda junta de esa noche nos traz su plan con derroche de frases imaginativas y pintorescas. En resumen, el plan se concretaba a esto: Primero: el doctor le hara el amor a la bella espa; un amor irresistible, de fuego y efecto rpidos.

Segundo: una vez dominada la seora, el doctor le propondra el matrimonio. Tercero: aceptado por ella el matrimonio, el doctor la convencera de que, en lugar de continuar en el barco hasta Nueva York, ambos deban quedarse en La Habana para unirse conforme a las leyes de Cuba. Cuarto y ltimo: en La Habana, l se habilitara la manera de dejar plantada a nuestra enemiga minutos antes de que saliera el Morro Castle, a bordo del cual se reunira con nosotros.

Detalles complementarios: Primero: nosotros contribuiramos a la realizacin del plan, ponderando repetidamente ante la hermosa norteamericana las fabulosas riquezas del doctor: sus haciendas, sus palacios, sus carruajes, sus cuentas en los principales bancos de Mxico. Segundo: no nos daramos con ella por enterados acerca del proyecto de casamiento, a fin de privarla en lo futuro de la posibilidad de invocar testigos.

Y cree usted hacer todo eso en el da y medio que falta para llegar a La Habana? Tal fue la pregunta que le hicimos todos. Pero l respondi con plena confianza en su capacidad: Todo. Para nosotros, esto es un juego de nios. A m me pareci el plan tan extraordinariamente desproporcionado respecto de los hechos, y tan fantstico en cuanto a la ejecucin, que cre soar mientras Dussart lo expona. Pero evidentemente yo no estaba en lo justo, pues visto el aplomo del doctor, su proyecto goz de la mayora de los sufragios: casi todos lo consideraron factible, sencillo, heroico, magnfico y digno, en consecuencia, de realizacin inmediata.

Aquella misma noche, el doctor Dussart inici el asedio amoroso de la norteamericana. Por nuestra parte, toda la maana siguiente nos la pasamos alabando, en presencia de ella validos del manifiesto agrado con que nos oa, las cualidades fsicas, intelectuales, morales y financieras del doctor, las ltimas particularmente.

Quin hablaba de los ttulos y honores universitarios que en el doctor concurran; quin, de sus fincas cafeteras y azucareras de tierra caliente; quin, de los inmensos territorios suyos, donde negreaba el ganado, y de sus depsitos bancarios en efectivo y valores; y quin, por ltimo, de la grandeza de su alma, oculta www. La vspera de nuestra llegada a La Habana, el doctor nos comunic, triunfante, que la conquista era cosa hecha: la seora, ya casi decidida por el casamiento, resolvera esa noche, despus de la cena, si por fin aceptaba interrumpir su viaje y detenerse en La Habana.

Pero no hay peligro de que rehuse terminaba el doctor. Lo de las haciendas de ganado y las cuentas en los bancos la trae de cabeza. Aceptar, aceptar. Y acept, en efecto.

Las treinta y seis horas que pasamos en La Habana fueron de lo ms agradable, emocionante y divertido. La yanqui baj a tierra, mas no como nosotros en calidad de visitantes en puerto de escala, sino con todos sus bales, maletas y sombrereras.

Nos produca a la vez pavor y risa la sencillez con que aquella hermosa mujer haba cado en el lazo del doctor Dussat. Era ste, en el fondo, un gran psiclogo? En todo caso, aplicaba la regla inconsciente de los conocedores de hombres: no hay que contar con la inteligencia de los otros los otros, por regla general, son estpidos.

Y as se explica que su plan tuviera xito. El largo tiempo que necesit el Morro Castle para entrar en la baha, echar el ancla y recibir la visita de las autoridades, lo emple el doctor en redondear su trato con la norteamericana. Los dos asistieron a los trmites de migracin y sanidad como si pertenecieran a una sola familia, y mientras tanto no haba cesado l en insistir sobre hoteles y otros puntos de orden prctico. Quedaba convenido que ella, por de pronto, se alojara en el Hotel Telgrafo, y l en cualquier otro; despus, celebrado el matrimonio, tomaran un departamento en el Hotel Miramar y gozaran all de la luna de miel hasta el momento de embarcarse para los Estados Unidos o Europa.

Es innegable que en todos estos enredos, el doctor Dussart pona una travesura graciosamente cnica y convincente. Yo no s cmo lo hizo, pero es un hecho que fingi tan bien sus preparativos para quedarse en La Habana, que el mismo sobrecargo del buque estaba convencido de que as iba a hacerlo. Ya en tierra, llev a la perfeccin el simulacro de presentar en la Aduana un equipaje voluminoso y, por ltimo, cuando la norteamericana se acerc a decirnos Good-bye con musicalidad entre afectuosa y agradecida, con musicalidad de nfasis satisfecho, sonriente, profundo, l vino tambin a abrazarnos y a despedirse con gran copia de aspavientos sentimentales.

Era una gloria verlo. Y ahora nos dijo a sovoz mucho sigilo. Desenme buena suerte. Lo principal ha salido bien; falta el desenlace. Sabamos, porque nos lo haba dicho anticipadamente, de cul mtodo pensaba valerse para dar cima a la empresa que traa entre manos.

Era un procedimiento tan sencillo como todo lo anterior: adormecer a nuestra enemiga, mientras llegaba el momento de reembarcarse, con distracciones continuas y promesas deslumbradoras y dulcsimas. Recorreran en auto todos los jardines, plazas y calles. Ira con ella a las oficinas del cable y en su presencia pedira a Mxico, en mensaje cifrado, la suma cuantiosa indispensable para la boda: boda regia, digna de la belleza de la desposada, del gran cario de l y de su posicin social.

Toda una maana la pasaran visitando tiendas de joyas para que ella escogiese el aderezo que le regalara l al casarse Slo un punto consideraba el doctor expuesto a sorpresas y contratiempos: lograra separarse de la espa, sin despertar sospechas, en el instante oportuno para volver al barco? All estaba el peligro, o el escndalo.

Es verdad que contaba para eso con un subterfugio de noble calidad: primero se mostrara contentsimo de verse libre de sus compaeros revolucionarios; luego, simulando un arranque sentimental, vendra corriendo a darnos, en el ltimo momento, el ltimo abrazo, y se quedara a bordo. As fue. Diez minutos antes de la hora fijada para que saliera de La Habana el Morro Castle, vimos al doctor Dussart saltar de una gasolinera a la escalerilla del buque.

El salto fue tan vigoroso que el doctor bot contra la cuerda y estuvo a pique de irse al agua: por fortuna slo se moj los pies. Vena gozoso; su paso era gil, su aire ms juvenil que nunca. Sus tres amigos y yo lo esperbamos en la meseta de la escala. Abrcenme, abrcenme nos dijo, que la muy diabla me espera en la punta del muelle y desde all nos mira con sus gemelos. A ltima hora le ha entrado la desconfianza, y con el pretexto de que tambin ella quera despedirse otra vez de ustedes, aunque de lejos, se ha trado con qu ver.

Observen, observen cmo no nos quita la vista. Era muy cierto. En el extremo del muelle se distingua la figura de una mujer vestida de claro y en actitud de estar enfocando hacia nosotros unos anteojos. Pero qu va usted a hacer, doctor, para salir con bien de este embrollo? Ya vern, ya vern respondi. Es una aventura soberana. Slo que por poco me quedo en la suerte. Porque hay que convenir en que nuestra gentil enemiga es un bocado suculento. Otro habra perdido la cabeza Apuesto a que la habra perdido!

Todo lo que falta ahora es que este barco se largue de aqu. Qu hora es? Ya debiramos estar en el mar dijo alguno de nosotros. Pasan cinco minutos del momento sealado para la salida. Y as, sin quitarnos de junto a la escala, seguimos hablando. Pero como pasara el www. Cunto se juegan ustedes exclam de pronto a que este maldito barco va a echarnos a perder toda la combinacin? Y transcurrieron quince minutos, lo cual ya nos pareci bastante grave.

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